Una dulce alcachofa

A veces me pasa, con la música, que siento una capacidad de diseccionar que me sorprende. Quiero decir que estoy escuchando una nueva canción de un artista que conozco y mi cabeza empieza a analizar lo que escucha haciendo disecciones, separando capas del producto, hasta dejar bastante bien claros en mi cabeza conceptos e ideas que hay detrás y de las cuales la gente no suele hablar. Supongo que solo la gente que se dedica a esto de la música ocupa tiempo en ese análisis. Está claro que la gente que se dedica a la crítica, al periodismo, hace entrevistas y profundiza en todos estos detalles, y por lo tanto me llama la atención verme haciendo ese análisis de forma espontánea. Mi cabeza se pone a funcionar mientras disfruto de ese tema musical, de esa melodía, de esa voz.

Supongo que la única razón para justificar esa actividad interior mía, en relación a la música, tiene que ver con muchos años de escucha de la radio en el trabajo. Es lo que tienen esos trabajos monótonos que te hacen disfrutar de una buena programación musical mientras pasan las horas, que por contrato, tienes que dedicar para ganarte el pan de cada día.

Hoy escuchaba algunos temas del álbum de Roko y de pronto me he encontrado haciendo estas disecciones. De pronto he sentido algo que no sabía cómo explicar.  No es muy extraño teniendo en cuenta que las sensaciones son muy personales y es posible que nadie sienta nada como lo sientes tú exactamente. Pero a veces creo que puedo encontrar una comparación, un símil que me ayude a explicar esto que se me pasa por la cabeza.

Hoy pensaba en un soufflé de alcachofa o algo parecido para intentar explicar lo que veía cuando escuchaba esas canciones. Supongo que me sentía como un profesional de estos de las recetas como los del Master chef, o como si fuese un trabajador de catering que disecciona los suculentos manjares que reparte para la gente distinguida, esa gente que paga mucho dinero por comer cosas muy elaboradas.

Me imaginaba ante una receta que en apariencia tenía una pinta de ser algo dulce, algo rebozado, con distintas capas que esconden un producto oscuro en su interior, no tan dulce y con una textura extraña, como la tiene la alcachofa, con esas hojas que se van retirando hasta llegar al interior que también tiene una textura distinta.

Todo esto para explicar algo que los profesionales de la música o de la crítica músical explican de una forma más simple. Por un lado están las cuestiones técnicas y que tienen que ver estrictamente con melodías, instrumentos musicales, capacidades vocales, mezclas para un sonido mas claro, mas oscuro, mas eléctrico, mas acústico… No sé, ya digo que no soy músico. Pero puedo decir que gusta el sonido que escucho. Es claro, fresco, con fuerza, con dulzura. Pero luego, a la vez, me doy cuenta de que en las letras se puede entrever un sentimiento de pena, de frustración, de desengaño, que extrañamente se cuela entra tanta dulzura, frescura. Es algo curioso ver en los artistas ese fondo, del que a veces no quieren hablar, pero que claramente emerge entre todo lo demás.

Lo he oído muchas veces cuando he oído entrevistas y críticas de profesionales de esto de la música comercial, la música como producto de entretenimiento. El artista tiene que tener claro qué quiere transmitir porque tiene que defender esos temas en muchos conciertos y en las situaciones mas variadas. Es algo que tiene que moverle por dentro y evidentemente cuando hace un disco a su gusto tiene que hacerlo con esas prioridades presentes. Y luego el éxito tiene que ver con que la estética sea coherente con el fondo y formen un todo apetecible. Siguiendo con el símil de la comida, ese plato tiene que apetecerte y tiene que darte una sensación final que se redonda, es decir, por mucho que se mezclen sabores distintos, sensaciones diferentes, como lo dulce y lo amargo, lo suave y lo áspero, el resultado que te deja debe ser de completa satisfacción, que te lleve a la necesidad de disfrutarlo en otro momento.

Pensaba en todo eso y pensaba en la imagen que da esta chica, siempre alegre, simpática, transmitiendo esas buenas vibraciones, cuando la ves en la TV. No es de extrañar que alguien así triunfe, tenga éxito. Pero como ya he dicho a veces las sensaciones que te transmiten las letras de las canciones y el modo de interpretarlas te conducen, sin poder evitarlo, a un estado de melancolía o de pena. Es algo inevitable. Tiene que ver con el sentido último de las frases, con el sentimiento que guía esa forma de ver las cosas. Y supongo que este sentido ultimo engancha a tu estado anímico para bien o para mal. Hay canciones que envuelven todo de tristeza, de resentimiento, de frustración, aunque estas palabras no aparezcan en la canción.  Supongo que esto mismo ocurre con las personas. Es inevitable que algunas personas sugieran amargura cuando estas con ellas, cuando les escuchas, cuando te hablan de cualquier cosa.

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