Guerrero pacífico

No siempre está uno inspirado para hacer comparaciones, pero me gusta probar porque a veces una simple comparación sirve para ahorrarte muchas explicaciones. En el caso de la comparación que quiero probar hoy, puede que no sea de lo más ilustrativa, pero me parece que tiene un punto interesante.

Se trata de comparar las películas con la comida. Quizá  se podría hacer extensiva la comparación, añadiendo cualquier cosa que se vea en la TV o cualquier actividad, que ahora no se me ocurre pero que quizá al que lea esto sí se le ocurre.

La idea se me ha ocurrido después de ver una película que recomendaron en un programa de radio, el cual ahora no recuerdo. La película se llama El guerrero pacífico y se puede ver en youtube. Es una de esas películas basadas en hechos reales y que narra una historia con moraleja o moralina.

No quiero desanimar a nadie, solo quiero hablar de un tipo de películas, comparándolas con los alimentos.

Los alimentos son necesarios para la vida y todos los días comemos para mantenernos vivos. Esto podría llevarnos a comer sin mucho sentido o comer con cabeza y ahora no voy a hacer una disertación sobre la gran cantidad de desórdenes alimenticios que existen o sobre malos y buenos hábitos de alimentación.

Me voy a referir a una situación concreta que a todos nos pasa como seres humanos. Supongo. Me refiero que todos tenemos situaciones en que algo no nos apetece, nos sienta mal. Puede ser porque hayamos abusado del alcohol, porque hayamos abusado de otros alimentos, porque estemos enfermos, o por mil razones, muchas veces relacionados con el estado de ánimo. En esos momentos uno puede sentir que algo le va a sentar mal antes de comérselo, solo con verlo o imaginárselo. En otros momentos, uno va a comer algo y no espera que le siente mal y solo después de un rato, se da cuenta que eso que ha tomado no le ha sentado demasiado bien. Otras veces, uno siente mucha necesidad de tomar un tipo de alimento, algo parecido a un antojo. O puede pasar que uno no esté muy atento y solo después de haber comido se dé cuenta de que se le ha quedado buen cuerpo y que ha disfrutado con esa comida. Ya se sabe que muchas veces se come sin prestar mucha atención, ya que es algo rutinario y no todos los días está uno atento a lo que hace de manera casi automática. De alguna manera el cuerpo nos está hablando y nos está diciendo qué necesitamos en cada momento y qué nos sobra.

Es evidente que buscar la comparación de esto que nos pasa con las comidas y las películas, puede parecer artificial o poco ilustrativa, pero a mí me ha parecido muy interesante hablar de películas que entran en la categoría de revulsivas o repulsivas.

No estoy descubriendo nada en lo que respecta a las películas, y podría decirse de las canciones, de los libros, de las personas. Todos sabemos que hay personas que pueden parecernos las mas agradables hoy y mañana pasar a ser las mas odiosas para nosotros, y eso sin necesidad de que cambien su actitud hacia nosotros.

Pero cada uno tenemos una manera de ser y quizá a todos no les sirvan estos ejemplos. Puede haber quien piense que no somos nosotros los que cambiamos sino que cambian las circunstancias. No sé.

Pero para mí lo realmente importante es descubrir que del mismo modo que utilizamos nuestros sentidos para detectar lo que nos apetece y lo que no, en cuanto a la alimentación, algo tan básico que todos tenemos ese tipo de sensaciones, se puede ampliar la percepción hacia una película, aunque como digo la comparación resulte difícil. La duración en tiempo es una de las dimensiones que mas obstaculizan esta comparación. Pero quizá por eso es por lo que me parece interesante. A veces resulta difícil encontrar la manera de manejar algo por la dificultad de compararlo con otras cosas que hacemos. Y si nos faltan comparaciones, estamos tropezando siempre con el mismo muro. No avanzas porque no sabes manejar esas herramientas.

Espero que se entienda que no estoy hablando solo de películas que puedan servirte de ejemplo para algo. Es solo una excusa para hablar de otras muchas herramientas que tenemos a nuestro alcance, que nos proporciona nuestro cerebro, nuestro cuerpo y que en muchas ocasiones no sabemos manejar.

Y volviendo a la película, para no divagar mucho, diré que puede que esta película no te diga nada y dejes de verla a los cinco minutos de empezar a verla, o puede que incluso nunca se te haya pasado por la cabeza ver algo así. Me extraña porque la virtud de este invento que es la TV o el cine, es que está creado para verlo sentado cómodamente en un sillón o tumbado en el sofá o en la cama y nos tragamos una gran cantidad de programas y horas de imagen y sonido, simplemente por el hecho de que estamos cómodos y no hay que pensar demasiado. Pero si una película como esta consigue darte buenas sensaciones, puede que quieras volver a verla en otra ocasión. Se me ocurre entonces que sería bueno detectar el momento en que tienes un antojo, en este caso no de chocolate o de fruta, de dulce o de salado, o de vinagreta, sino de ideas y sensaciones distintas que te rompan la rutina, que te hagan pensar de otra manera. Puede que no te sirva esta película para ese momento y prefieras otra como Un ciudadano ejemplar, otra película que me sugiere you tube y que también parece que un tipo película muy concreta, reconocible por aquello de los buenos y los malos y con la justicia de fondo. Puede que la vea.

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