Entusiasmo

Acabo de escuchar en la radio una de esas frases que uno piensa, tiene sentido, pero que parece que falta que la diga alguien más, para que tenga sentido, en el exterior, en la vida real. Lo digo por aquello de que la vida interior a veces se confunde con los sueños, lo irreal.
Como estaba frente al ordenador he pensado instantáneamente que podría ser una frase para una de mis esporádicas entradas de blog  (aunque quien haga un repaso por todas las entradas, quizás las llamaría entradas regulares).
He querido hacer la prueba del algodón preguntando a google por si es una frase muy habitual y no la he encontrado literalmente.
La búsqueda decía: el entusiasmo por algo sana la vida, y lo más parecido que he encontrado es un artículo en una página de coaching o algo así.
Podría copiar aquí casi todo lo que dice el artículo, aunque para mi gusto seria mejor un resumen que recoja aquellas ideas que me parecen más importantes.
Y lo que sí me atrevo a copiar es la frase con la que empieza:
La palabra entusiasmo proviene del griego y significa “tener un Dios dentro de sí”. La persona entusiasta o entusiasmada era aquella que era tomada por uno de los dioses, guiada por su fuerza y sabiduría, y por ese motivo podía transformar la naturaleza que la rodeaba y hacer que ocurrieran las cosas.
Como bien dice Rosina Vera, la autora de esta entrada, es una frase de esas que impactan, que te gusta al escucharla. Se pueden añadir los matices que se quieran y se puede desarrollar como uno quiera también, porque es un buen comienzo para hablar de muchas cosas, de muchos asuntos interesantes.
Pero volviendo al principio de esta entrada me pregunto, como me preguntaba al buscar en google, si el hecho de que alguien tenga que decir esto sobre el entusiasmo, supone que se está uno dirigiendo a alguien enfermo, alguien con carencias emocionales. Me pregunto si no es tan de perogrullo como decir, el alimento sana la vida. Cuando te ves obligado a explicar a una persona adulta algo así, es porque hay algún problema detrás ¿no?
Y pensándolo bien, creo que la diferencia para algunos es cuestión de matices. La dificultad de tratar de estos temas desde fuera es que no hay una medida buena para todos. Ni mi modo de alimentarme, ni mi entusiasmo por las diferentes cosas de la vida, es extensible ni aplicable a otros.
Pareciera que entre estos dos conceptos podría haber muchas diferencias, a pesar de las similitudes que estoy mostrando. Pero, por ejemplo, la medida en cuestión de alimentación es algo que se puede medir, que se ha medido durante siglos, si bien es cierto que no parece haber una convención lo bastante generalizable para que nadie tenga duda en ningún momento.
Pero es que además podría añadir que, una vez pasada en la infancia, esa época en la que otros se ocupan de tu alimentación, cuando eres adulto, incluso la alimentación está supeditada a algo parecido al entusiasmo, una emoción que podría llamarse las ganas de vivir.
Podríamos poner todos estos conceptos y muchos más parecidos (o alrededor de estos) en una especie de escala, una especie de pirámide en la cual pudiésemos ordenar nuestros valores, nuestras necesidades, bajando de los conceptos más importantes a los menos importantes o que estuviesen supeditados inmediatamente a los anteriores.
Cada uno inventaríamos un escala, un modo de representar las prioridades, un modo de interactuar entre ellas, y eso si consiguiésemos traducir lo que vemos en nuestra cabeza a palabras o imágenes entendibles por los que nos rodean. Siquiera por los que nos conocen más, los que tienen mas fácil entender hasta el más mínimo gesto con el que creemos que no estamos diciendo nada pero que supone mucha información para esos que nos ven todos los días y están acostumbrados a escudriñar e intuir a partir de los gestos y sonidos más insignificantes. Muchas veces sin que sean capaces, a su vez, de explicar lo que han visto o lo que han intuido, cual es el detalle, la palabra, el gesto que le ha hecho deducir algo sobre nosotros.
Para seguir explicando diferencias y similitudes voy a copiar otro párrafo:
El entusiasmo tiene que ver con el optimismo; pero es distinto. Optimismo significa creer que algo favorable va ocurrir, inclusive anhelar que ello ocurra; es ver el lado positivo de las cosas; pero desde una actitud pasiva, contemplativa.  En cambio el entusiasmo es acción y transformación, es la reconciliación entre uno mismo y los hechos.
De este párrafo quisiera destacar la idea de pasividad y de acción. Adoptamos una actitud pasiva o contemplativa y una actitud de movimiento, de acción, para distintas cuestiones que tienen que ver con la vida.
¿En qué eres pasivo y en qué activo? Muchas veces no serás capaz de adivinarlo. Lo que ocurre con la especie humana es que tiene una capacidad increíble de aprender durante los primeros años de vida. Y tantas aptitudes, capacidades, hábitos, estados emocionales, etc., son heredados de estos primeros años de vida, que mucha gente no sabe reconocer en sí mimos estos conceptos, no sabe cómo profundizar en lo que estas palabras quieren decir y así, igual nos pueden parecer de perogrullo, algunas de estas ideas y a veces parecer tan extrañas que no sepamos donde empezar a buscarlas dentro de nosotros. Si empleáramos términos de Freud como el ego y el ello parecería que estuviésemos intentando complicar las cosas, marear, confundir.
Por ello es interesante utilizar las palabras adecuadas pese a que en ocasiones puedan parecer demasiado ambiguas porque las utilizamos para hablar de ideas muy distintas. Las palabras fáciles sirven a pesar de todo.
Veamos lo que dice este sitio web sobre la inteligencia de los niños.
No hay ningún interés en ser didáctico, en el sentido peyorativo de pater o maternalista. Lo interesante del texto es la parte más confusa, por lo desconocido que resulta todo lo científico, todo lo que no puede ver la gente normal de la calle. Para ello será necesario confiar en investigadores que han observado el cerebro de los niños y sobretodo han investigado a partir de experiencias controladas. Un niño puede decir mucho si sabes en que te tienes que fijar. Los padres de eso saben bastante. Lo que ocurre es que cada uno suele saber de su hijo y desconfía de lo que otros puedan decir de él.
Pero la parte científica, las aseveraciones sobre cómo el cerebro humano aprende, son rotundas. Todos aprendemos mucho en los primeros años de nuestra vida. Y no solo cosas que se pueden medir, que se pueden observar directamente como el lenguaje o el andar. Se aprende mucho más de lo que se cree. Tanto que se asimila de manera automática y luego es difícil saber muchas de las cosas que somos. Es difícil definirse, si posteriormente no hemos tenido un modo fácil de exponernos a los demás y de encontrar el modo de interpretarnos a partir de lo que otros nos hayan dicho de nosotros mismos o quizá nos haya costado aprender a partir de lo que hemos observado en los demás.
Aquí entra en juego el concepto del ambiente, el entorno en que hemos crecido, el que nos ha visto pisar o saltar, revolcarnos o caer, el que nos ha oído hablar, gritar, reír, respirar. Vivir.
Ese entorno ha estado lleno, en más o menos cantidad, de gente y de cosas, seres vivos o seres muertos, objetos materiales o inmateriales. Todo eso nos ha creado una marca, una señal, o como diría un científico, ha creado un cambio en nuestro interior, en nuestro cerebro, en nuestro sistema neuronal, nuestro mundo emocional. Y el cambio no significa movimiento, ni acción, ni paso previo hacia algo que va a pasar. Nuestro interior es tan inmenso que es posible que muchos de los cambios acaecidos queden olvidados en la inmensidad. Para quien le guste la astronomía, podríamos decir que muchos cambios se producen en nuestro cerebro, en nuestro interior, del mismo modo que las estrellas o los cuerpos del universo cambian sin que lo percibamos. Todo ocurre de una manera imperceptible, a pesar de que en muchas ocasiones los efectos son más directos de lo que pensamos. Sobre todo en los cambios que se producen en nuestro cuerpo. Un argentino diría: ¡obvio!
Pero la idea de la acción y la pasividad tiene tanto juego que me ha despistado. En mi caso me dejo llevar por los momentos de actividad y de pasividad. Me cuesta reflexionar sobre ellos en modo autoobservación. Supongo que son momentos de pura vida que uno encuentra difíciles de detener o de modificar con vistas a dirigirlos hacia un objetivo que uno mismo se haya marcado

Para aligerar el tema de esta entrada, un poco de música, con un poco de humor. Al menos es la sensación que me produce este programa de Lazarov de no sé exactamente qué año. ¿Quién reconoce a esta Marisol?, ya mujer, reivindicando a una mujer distinta a aquella niña que se hizo tan famosa

Me gustan más algunas canciones de la segunda parte. Será porque voy dejando que se impregne mi sentido musical y rompiendo resistencias que tienen que ver con el tiempo que ha pasado desde estas imágenes. No las vi en su momento o al menos no las recuerdo. Pero sí recuerdo a la Marisol niña.
Hoy he escuchado un comentario en RNE, radio 3, sobre un video de Marisol del año 73 que les ha hecho pensar que Madonna, todos sabemos que copia todo lo que le gusta, tuvo que ver para hacer algunos de estos videos modernos de ella, utilizando estilos modernos (no tan modernos si se mira al pasado).

De Lazarov se puede decir también que miraba al futuro y sin duda nos parece moderno, por mucho que a veces lo anticuado puede oscurecer todo lo demás.

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