Desahucio (de los) intelectuales

Me gusta explicar cómo llego a ciertos lugares porque no es lo mismo ir a Madrid pasando por Cuenca, parando a comer en Motilla del Palancar, o desviarse por Aranjuez y llegando a la capital a las 21 horas. Quiero decir que al final estás en Madrid y puedes comenzar a contar algo que te ha pasado diciendo: …me fui a Madrid y me pasó algo…

A veces no tiene nada que ver, pero otras veces condiciona mucho. En mi caso quizá no tiene mucho que ver cómo llego al momento en que quiero decir algo, porque desde hace bastante tiempo, solo escribo por no perder la costumbre. Realmente me cuesta encontrar temas sobre los que escribir: ¡hay tanto escrito ya! ¡hay tanto dicho ya!

Hay tanta gente haciendo cosas tan distintas (sobre todo en este entorno de internet) que parece tonto querer aportar algo más ¿para qué? ¿le importa a alguien?

Aún después de decir todo esto, explicaré lo que he decidido escribir hoy.

He pensado buscar algo en internet sobre una frase que escuché en la radio hace unos días. La frase no la recuerdo en el contexto, así pues no puedo contar de qué iba el programa (quizá era uno de esos debates o conversaciones sobre política, de corrupción…).

No obstante, la frase se ha vuelto a presentar en mi cabeza, con la suficiente intensidad como para que me anime a buscar en google. No es una gran frase, solo es una pregunta que mañana o la semana que viene quizá me parezca tonta o simplemente me parezca ridícula, con un interés tan pobre que me de vergüenza haber dedicado tanto tiempo a ella.

¿Donde están los intelectuales?

Se entiende que los tertulianos hablaban de España y se referían a aquellos que están en las universidades, aquellos que en otros tiempos aparecían en momentos de confusión y daban luz al pueblo, a sus dirigentes, a los líderes que andaban perdidos. En este momento que vivimos, en estas circunstancias que atravesamos, que sorteamos como podemos, por mucho que la mayoría viva al día y ni siquiera se paren demasiado a pensar qué futuro nos espera, todos podemos llegar a una conclusión parecida a esta: ¡todo está mal, esto es un desastre! ¿qué vamos a hacer? ¿qué podemos hacer para cambiar esta situación?

Así pues, sin pararme a pensar demasiado en qué quería encontrar, le doy al botón de Buscar de Google y me dispongo a encontrar algo que me ilumine. Y encuentro en el primer resultado a un tal Jesús Encinar y esta entrada ¿Dónde están los intelectuales de nuestros tiempos?

No pensaba pararme aquí, pero en cuanto lees un poco que tas cuenta de lo que pasa. Debe ser que uno no quiere dedicar el tiempo suficiente para responder a esta pregunta y enseguida quieres explicar lo que ocurre. En mi caso (no quiero hablar por otros que conozco o por mí mismo mas allá de hoy, de lo que soy en estos útimos meses y lo que seré en los meses mas cercanos) está claro que prefiero las respuestas mas rápidas.

La respuesta rápida es que cada uno está en sus asuntos. Habrá círculos de amigos, de profesionales, de intelectuales que estén trabajando en ideas, que estén aportando ejemplos, explicaciones, teorías de lo más variado. E incluso habrá círculos próximos al poder que tienen soluciones que quizá consideran difíciles de aplicar porque las circusntancias también les condicionan, la realidad es la que es, y las gentes, la masa, como objeto moldeable, objeto susceptible de manipulación tampoco reacciona como se espera.

O quizá todos esos intelectuales dirigen su mirada hacia otros lugares y piensan que mas les vale pensar en un futuro lejos de aquí, porque la prosperidad está en otro lugar. Quizá solo ven el desahucio y la decadencia como destino cercano y nadie quiere estar cerca cuando todo se venga abajo.

No digo esto con alarma, con un estado emocional alterado. Me siento relajado y como he dicho más arriba, quizá como tantos me miro el ombligo (google me manda aquí)

Cuando lea esto en el futuro quizá me parezca suficiente motivo para dejar de escribir este blog. Quizá piense que sea mejor dedicar mis energías a buscar soluciones de verdad, ninguna que tenga que ver con escribir sin saber a quién te diriges (¿hablarte a tí mismo?) o pensar sin intentar convencer, es decir, dejar todo lo que piensas encerrado en ese circuito de estímulos eléctricos que habitan el cerebro.

Intentando completar la idea del desahucio de la sociedad me ha pasado algo curioso y quizá digno de ser contado. Resulta que buscando el google y buscando entre los resultados he tenido que desistir después de mirar muchas páginas, porque todo estaba relacionado con el tema de las hipotecas y noticias de desahucios de viviendas. Así pues he pensado en añadir una palabra y buscar “la sociedad en desahucio quiebra”. Mala solución porque sigo encontrando muchas páginas de resultados en la misma línea que la anterior búsqueda. No desespero y añado “la sociedad en desahucio quiebra decadencia”. Con esta búsqueda parece que tengo más exito porque el primer resultado tiene que ver con algo más que el desahucio de las viviendas. Llamativo que la página se llame redescristianas.net

No es exactamente lo que buscaba pero tengo que dejar mis pesquisas (o mejor dicho intento de profundización en una idea) por lo de siempre. El tiempo se me va.

 

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