pc o mac, ja!

Me he encontrado intentando utilizar un mac, cuando soy usuario de pc y de pronto he sido consciente del problema de la diferencia de sistemas.

La mayoría que lea esto va a entender de qué va el tema, pero para otros será solo una frase recurrente. Comparaba esas diferencias con las diferencias, que recuerdo haber oído, entre un procesador intel y un amd. Todo el que ha usado ordenadores sabe de qué estoy hablando, pero es indudable que es difícil precisar hasta qué punto llega la experiencia de cada usuario.

Quería destacar, en esta entrada del blog, cómo se siente uno cuando está fuera de casa, es decir, cuando crees que estás haciendo lo mismo que haces todos los días, estas ante un ordenador (todos los ordenadores son similares te dice tu subconsciente) y sin embargo, intentas hacer cualquier cosa sencilla, que haces habitualmente, y sientes que el ordenador no te responde.

La experiencia es parecida a la que uno tiene cuando se encuentra con un ordenador antiguo, de esos lentos y desesperantes.

Y de pronto se me ha encendido la luz (imagínense la bombilla)

y he pensado… ¿por qué veo el parecido de esta impaciencia con la impaciencia del joven con el anciano, del informado y conocedor con el ignorante, de marido con la mujer por esos gustos raros, del niño, ya desde muy pequeño, con la madre cuando no le entiende, aún cuando apenas sabe hablar…?

Debe haber algo dentro de nosotros que se activa inconscientemente y que te puede llevar a un nivel de exasperación tan intenso en pocos minutos que uno no puede dejar de pensar que somos tan falibles y frágiles, como certeros y duros, tan desmemoriados como de increíble memoria. Todo está dentro de nosotros y si somos capaces de conocernos y saber entender a los demás, estaremos favoreciendo la humanidad frente a la irracionalidad ¿no?

Espero que no se haya notado mucho la prisa que tengo hoy. Ya lo revisaré por si acaso.

Soy capaz de ver la crítica fácil que se le puede hacer a estas palabras que he escrito, pero sin embargo no lo siento, es decir, nadie me lo grita al oído, con lo cual puedo permitirmelo, porque algo en mí dice que vale la pena por alguna razón.

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