la ciudad húmeda

La ciudad está extrañamente húmeda esta noche. A mí me lo parece. Y mientras andamos de vuelta a casa, nos encontramos con esas pequeñas zonas, que pueden ser chaflanes amplios con aceras resbaladizas o fragmentos de aceras tan húmedos de repente, al volver la esquina, que te parece estar en las inmediaciones de una pista de esquí, donde temes resbalar y caer por el efecto de las gotas de agua casi escarchadas. Y cuando intento pensar en un modo gráfico de explicar lo que veo, un modo de expresar mi extrañeza y mi sorpresa ante este repentino efecto del frío mezclado con algún otro agente como el agua (mecanismos de la naturaleza que siempre me han parecido extraños), pienso en esos relatos que alguna vez en el pasado leí sobre lugares extraños donde la tierra supuraba extraños fluidos, líquidos malolientes o sustancias qué sé yo de qué condición que provocaban espanto.
En este caso la ciudad no me produce asco, ni es maloliente, ni es indeseable, pero sí tengo esa sensación de que algo podría pasar en cualquier momento.
Siendo razonable se impone pensar en miedos y alarmas menos espectaculares, menos llamativas. Sin duda la prevención viene del miedo a perder el equilibrio y pegarse un batacazo y la alarma surge de la falta de previsión ante el cambio brusco de temperatura y humedad en las ultimas horas, lo cual puede derivar en un perjuicio para la salud del cuerpo, tan frágil como es, en esta especie viva que es el hombre.
Descendidos a la tierra pues, no nos dejemos llevar por estas brumas, esa sensación de estar introduciéndose a otros mundos, de estar acercándose hacia un lugar imprevisible en el que algo insólito e inesperado puede ocurrir en cualquier momento y simplemente dejémonos llevar por la agradable sensación de estar acompañados para hacer frente a lo que pueda suceder, ante cualquier situación que pueda presentarse, llevados de la mano de la buena disposición, con el recuerdo de un rato pasado en agradable reunión con amigos, donde ha habido risas y pocos llantos, sinceridad y desahogo ante lo bueno por venir y lo malo que debe marchar.

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