Laporte, sí gracias

Hay temas a los que es difícil acercarse en serio. Quiero decir, que me cuesta diferenciar, y me enfrento al problema de cómo enfocar la cuestión.

En el caso de que trata este artículo y otros relacionados, siento la inseguridad por algo que es extensible a otros temas. Si te acercas demasiado, si profundizas hasta el punto de obsesionarte, puede ser contraproducente y si te olvidas de él, esperando que alguien te hable sobre ello, esperando oír de vez en cuando alguna noticia que te despierte el recuerdo, puede que lo relegues al pozo de todo lo que nos satura.

No sé cómo llamar a ese pozo en el que cae toda la avalancha de información, noticias, chismorreos, anuncios publicitarios, etc. que nos van llegando y que en un momento concreto de nuestra vida, que puede durar un minuto, una hora, una tarde, una semana, nos impacta. Cada uno puede llamarlo como quiera, porque hay ideas parecidas: rincón, abismo, nube, maraña…

Quizá se podría hacer una separación por el modo en que la distinta clase de gente, si los diferenciamos por el juicio crítico que desarrolla, puede organizar y clasificar toda esa información en su mente. Cada uno categoriza según su capacidad, según la voluntad que tiene de vivir una vida más o menos responsable, comprometida. Cada uno aplica un rigor distinto según dedique más o menos horas a hacerlo, según su nivel de atención, según la amplitud de temas que quiere abarcar. Pero por encima de todo, la realidad suele superar a la mayoría. Es difícil ese ejercicio de aislarse y renunciar. Sobretodo si uno tiene una ambición mal graduada (lo del símil de la graduación de la vista, con la graduación de la ambición, viene porque no creo que exista un modo de saber cuando la ambición está enfocada correctamente, ni siquiera si se puede hablar de un modo correcto de ser ambicioso, aunque la intuición me dice que hay ambiciones malsanas, mal enfocadas, mal conceptualizadas).

Pero volvamos al artículo y al personaje, Joan Laporte (entiéndase que no tengo ningún interés especial en él, porque el tema ha sido tratado por otros que ya he mencionado en este blog o que mencionaré sin duda). El tema de los medicamentos mal usados, mal prescritos, poco investigados, es una de esas cuestiones que siempre te gustaría tener presente, pero tampoco puedes obsesionarte.

El otro día oí aquello de la paradoja del que vive pegado a una muleta. Como tantas otras paradojas de la vida, la odias por lo que supone y la necesitas por lo que te da. ¿Cómo hago para volver con cierta frecuencia al tema, es decir, olvidarme de él por una temporada, y volver a él de vez en cuando, para que no se me olvide lo importante que es?

Supongo que me cuesta saber cómo hacerlo porque después de todo debo ser menos racional de lo que me gustaría y acabo dependiendo de una emoción que marque en mi cerebro, en mi cuerpo, en mi alma, en mi ánimo, ese recuerdo de una manera imborrable, al menos por una buena temporada.

No sé si será por esto que digo, lo que le pasa a tanta gente. Me refiero a gente que parece necesitar equivocarse, meter la pata cometer un error, para aprender. No sé si podría dar muchos datos,  porque es una cuestión que está dominada por el inconsciente, según creo, por lo que poca gente podría informar de los casos en que le ha sucedido algo así. Se puede hablar informalmente de ello, en esas conversaciones largas ente amigos o conocidos en que se va derivando una conversación y de pronto nuestra intuición reconoce ese algo que nos pasa y se parece a eso que cuentan. Solo entonces podemos reconocer, por similitud a algo parecido, algo que han sentido otros.

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Entrevista a Laporte

No gracias Artículo: “No gracias”, un manifiesto contra todos

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