Barullo, Bollullos, perogrullo

Hacía tiempo que no leía literatura, relato, historias contadas a la manera novelada que uno recuerda del colegio, de cuando era niño, cuando era joven y te hablaban de figuras retóricas, de estilos narrativos.

No quiero decir que no lea este tipo de lecturas desde que era colegial, aunque no creo que nadie en este país se asustase si dijese, como algunos que parecen vanagloriarse de ello, que no he leído ningún libro en mi vida.

Pero pese a esto que digo, he tenido que rendirme a la pereza de acabar todo el texto que he encontrado en esta entrada de un blog (al que he llegado como otras veces, por puro linking, enlace a enlace).

La esencia queda sin embargo. Me he quedado dentro con el recuerdo de aquellas metáforas que nos enseñaron a desarrollar o que por pura imitación empezamos a buscar nosotros mismos.

No sé si a esto puede llamarse melancolía. No creo ser una persona melancólica, pero sí me gusta recordar. No creo que el minuto siguiente al que acabamos de pasar sea el único horizonte y que todo lo anterior ya no vale.

Como siempre me gusta decir, en el punto medio está la verdad, el equilibrio, cuando los extremos no sirven.

A veces pienso que la vida, la triste realidad, me hace mas gris, me convierte en otra persona mas incrédula, más desconfiada, mas aguafiestas. No sé cómo decirlo. Quizá el entorno, todo lo que pasa alrededor, tenga mas culpa que uno mismo. O quizá es inevitable perder inocencia a cada paso.

Pero como he dicho antes, siempre vuelvo a frases, ideas, principios que me acompañan a pesar de todo. Ahí debe estar mi esencia. Ahí debe estar mi verdadero yo, a pesar de que uno pueda sentirse perdido en cierta forma, desorientado, cuando creías que ya lo sabías todo. Y, es cierto, no estás perdido ni desorientado, no eres un muñeco totalmente dependiente de otros que mueven tus brazos y tus piernas y te hacen decir cosas que no quieres decir.

Sí, existe una pequeña posibilidad de resistirse. Uno lo siente, lo sabe a pesar de tantas señales que parecen decir lo contrario. Esa pequeña (o grande según se mire) libertad existe. Prefiero construir frases con cierto desorden para destacar palabras tan manidas, tan manoseadas por teclados y regurgitadas por bocas que tienen en mente otro objetivo, distinto al de dar contenido a las palabras de siempre.

Rellenarlas de un contenido propio muchas veces hace que la gente desaparezca de tu lado, que dejen de escuchar, que quieran huir. Vivimos en ciudades, rodeados de mucha gente. Rodeados de muchas cosas que nos distraen. Todo el mundo tiene prisa y uno está huyendo, escapando, corriendo con tanta frecuencia que ya se ha acostumbrado. Yo no sabría decir cuantas veces he huido, he escapado, he corrido a hacer otra cosa, a pensar otra cosa, a ocuparme en otras obligaciones, tareas pendientes, entretenimientos postergados, pero anhelados, por aquello de que siempre queremos elegir, siempre hay un deseo de hacer las cosas a tu manera, pese a quien pese.

A todas estas frases que se encadenan como lo hacen los pensamientos en el cerebro habrá quien las llamé las dos caras de la moneda, el yin y el yan. Son ideas totalmente encadenadas y curiosamente hay que aprender a diseccionar para vivir. O dicho de otra manera. Hay que pensar de manera mas simple.

O quizá abuso de términos que no tienen por qué aparecer aquí.

Quizá tendría que decir que tengo un barullo mental acojonante, como cuenta el autor de este blog. Voy a mirar su nombre y lo escribo:

Fuckowski,  o Alfredo de Hoces, para entendernos en términos formales.

No me gusta venerar a grandes autores, pero como todos me dejo llevar por las corrientes de opinión que nos hablan de unos y dejan de lado a otros. Por eso me gusta que esos otros tengan un nombre, al menos.

A veces, veo en los ojos de los demás esa mirada altiva y pienso que tienen razón. Es difícil saber qué piensa alguien exactamente, pero a veces imagino esas miradas descalificadoras y quiero ver en ellas, la confirmación de tantas lagunas, tantas imperfecciones, tantos defectos que yo mismo me reconozco y que no puedo ni quiero eliminar: simplemente me gustaría que todo fuese más evidente, más fácil de explicar. Me gustaría que todo el que detectase algo que yo quisiera cambiar, pudiese saber al instante que yo lo sé y que no hace falta dedicarle un minuto si no se le quiere dedicar días, horas, meses o años que es lo que requiere.

Así que como consecuencia de esta lectura, estas reflexiones, han surgido estas divagaciones. Espero que si alguien se ha tomado la molestia de leerlas completas, no se quede con mal gusto de boca.

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3 respuestas a Barullo, Bollullos, perogrullo

  1. robin dijo:

    No es exactamente mal gusto de boca. Es…un gusto diferente. Interesante, de todas formas.

  2. manquiolo dijo:

    Gracias por el comentario Robin. Hace tiempo que no escribo y se agradece que alguien se tome la molestia de leer.

    • Maria dijo:

      Es interesante encontrarse con blogs así, que como dices, entre link y link te invitan a reflexionar y a leer, ya que de alguna forma se trata de compartir.

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