Como en casa

He estado navegando por el blog de Miki (es un bloguero atento y me gusta responder a su atención), donde de vez en cuando hago una navegación por etiquetas y siguiendo un orden distinto al típico cronológico.

En esta ocasión desde la entrada sobre TV a la carta, he llegado a otro blog en el que navegando, navegando he llegado a algo que me ha apetecido comentar.

Desde muy joven, cuando empecé a leer en bibliotecas públicas, escolares y de cualquier tipo, recuerdo utilizar una clave muy fácil para seleccionar (ojalá todo fuera tan fácil, porque a menudo encuentro un verdadero suplicio tener que escoger). Esta clave no es otra que releer y pasar los ojos por cubiertas, títulos, contraportadas y cualquier otra referencia, esperando que algo se despertara en mí. Y ese mecanismo me ha funcionado tan bien durante tantos años que no creo haber tenido nunca esa sensación de agobio, de ahogo, de nerviosismo y no sé cuantas emociones más, que he oído en otras personas, cuando se enfrentan a estanterías llenas de libros, a todo ese montón de hojas de papel llenos de frases, de palabras, de mensajes.

Realmente no sé describir muy bien esas emociones tan negativas, a no ser que las compare con otras parecidas que he tenido, a veces, en grandes superficies donde he tenido que hacer la compra de la comida o de cualquier otro objeto de consumo que ‘necesito’ para mi día a día. También a sensaciones parecidas que he tenido al enfrentarme a la red, a la WWW, cuando he querido abarcar mucho más de lo que era capaz.

Pues en el caso de la entrada que ha suscitado esto que escribo, ha sucedido eso mismo que contaba en relación a la búsqueda de esa perla entre tantas piedras mas o menos preciosas. Yo me he sentido identificado con esos pequeños detalles que te hacen sentir como si estuvieses en casa. Es una emoción que reconforta de esa manera química imperceptible pero fácil de recordar.

Quizá tendría que pensar en que uno crea la necesidad de leer o de escribir y simplemente, en esa navegación, en ese divagar entre letras, uno acaba encontrando el discurso que quiere plasmar o el discurso en el que quiere sumergirse y empaparse.

A veces he leído, u oído hablar a escritores sobre la inspiración que hace que sus personajes les dicten las historias que ellos escriben. Siempre me había parecido algo muy cercano a la pose del escritor que intenta vender misterio o encanto, porque de eso se trata, a la hora de enganchar lectores. Pero por otro lado entiendo ese algo que te recorre por dentro, se le llame como se le llame, que te permite de pronto escribir con fluidez y con las ideas mas o menos claras, frente a esos otros momentos en que todo es tan confuso y cuesta tanto plasmar cuatro palabras mal enlazadas, creando unas frases casi sin sentido.

Mi tendencia a disfrutar de las ciencias casi del mismo modo en que disfruto de las letras, me lleva a intentar buscar una explicación menos romántica, que tiene que ver con una inspiración más ligada a lo material, a la experiencia directa que uno tiene de la vida en esos minutos, horas previos. Relacionada con fluidos corporales que trasladan sustancias como hormonas y otros elementos, moléculas que inevitablemente transforman todo aquello por donde pasan.

Porque el que escribe vive (no es algo tan de perogrullo puesto que hay quien piensa que las piedras le hablan y que los objetos del día a día le atacan, como la bandeja de la comida, con el plato de sopa y los cubiertos cayendo sobre el cuerpo). La vida del que escribe no es tan importante y quizá por eso se olvida y parece que las palabras, las frases, surjan de otro lado, que no tiene que ver con una persona de carne y hueso. Me refiero, sin ánimo de extenderme, a que todo el mundo literario, mundo jurídico, mundo científico, mundo filosófico, mundo político y tantos otros que se podrían citar, son un corpus en sí mismo. Empleo la palabra ‘corpus’ por intuición, porque no soy un ilustrado y solo sé que todos los discursos, que surgen de estos mundos que he citado, parecen sostenerse en estructuras que se han creado durante siglos y parecieran capotes de torero que pese a no tener estructura interna, son capaces de mantenerse de pie por sí solos. Muchos entenderán el ejemplo, porque saben que se pueden unir frases que solo tienen sentido por las precedentes y parecen no necesitar de una vida humana que las llene de contenido, una vida vivida como la viven tantos millones de personas que no han leído un libro en su vida.

Y hablando de otras personas que no se dese pensar que viven, se me ocurre hablar de jueces, cirujanos, miembros de cuerpos de seguridad del estado o de ámbitos mas locales. Me refiero a que uno desearía pensar que no es un mal día el que ha hecho que esas personas que tienen como profesión el servicio a los demás, hayan participado en una mala actuación o en un desastre de servicio, justo cuando uno estaba afectado, necesitado.

No sé por qué ese tipo de ‘miedos’ están tan presentes a veces y no otros que quizá debieran estarlo mas.

Y para completar todo esto siempre me gusta pensar en una canción que ayude a resumir, a verlo mas gráficamente, y si es un video en you tube, mucho mejor que igual la imagen acompaña. Así que ni corto ni perezoso, me pongo a buscar y encuentro este de Malicia realidades.

Como tengo un sentido de la estética y unos gustos mas o menos definidos, más o menos fijados, hay cosas que se me presentan, desde el primer instante, como una distorsión, como algo poco fluido, poco armónico,…

No sé explicarlo bien, pero en este video no me parecía bien conseguido el resultado de conjuntar, por un lado unas imágenes que racionalmente podían ser adecuadas a lo que estaba buscando, con una música por otro lado, que me resultaba poco digerible. Pero me he obligado a terminar de ver y oír, decidiendo que si bien esto puede que no sea lo más comercial del mundo, es decir que entre por los ojos y por los oídos a la primera, sí puede servir para ilustrar lo que quería decir. Así pues, se queda instalado en esta entrada, con todo derecho.

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Una respuesta a Como en casa

  1. MadeByMiki dijo:

    Gracias por la mención, siempre es un placer pasearme por aquí.

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